
"No hay peor olor que el que brota
de la bondad corrompida" (D. H. Thoreau)
Leído en la asombrosa cover story del '
New Yorker' de esta semana:
"De acuerdo con un
estudio recientemente elaborado por la
New America Foundation,
el número de 'drone strikes' [ataques de precisión realizados con
aviones teledirigidos contra
objetivos terroristas]
ha aumentado de manera dramática desde que Obama se convirtió en presidente. Durante los primeros nueve meses y medio de su administración ha autorizado tantos ataques aéreos de la CIA sobre Pakistán como Bush en sus últimos tres años de presidencia".
"La llegada del programa Predator de asesinato selectivo 'es realmente un cambio enorme', afirma Gary Solis, profesor en el Law Center de la Universidad de Georgetown y recién retirado de la organización del programa de Derecho de la U.S. Military Academy. 'Hace años no es que hubiéramos rechazado una política como esta; es que lo hicimos'. En julio de 2001, dos meses antes de que los ataques de Al Qaeda contra Nueva York y Washington alteraran profundamente el punto de vista de Norteamérica,
Estados Unidos denunció los asesinatos selectivos llevados a cabo por Israel contra terroristas palestinos. El embajador norteamericano ante Israel, Martin Indyk, dijo en aquel momento que 'el gobierno de Estados Unidos se ha mostrado clara y públicamente en contra de los asesinatos selectivos... Son ejecuciones extrajudiciales, y nosotros no las apoyamos' (...). Siete años después, ya no cabe duda acerca de que el asesinato selectivo
se ha convertido oficialmente en una política estadounidense. 'Hemos adoptado las prácticas por las que hace unos años protestábamos', afirma Solis. Ahora, subraya, nadie en el gobierno lo llama asesinato".
"Un experto militar del más alto nivel, que rechaza ser identificado, explica el procedimiento militar diciendo que '
existe una taxonomía completa de objetivos'. Hay personas cuyo asesinato está autorizado en cuanto sean detectados. Para otros es necesario un permiso adicional. El lugar donde se encuentra el objetivo también entra en la ecuación. Si una escuela, hospital o mezquita están dentro del probable radio de explosión de un misil, esto, también, es valorado por un algoritmo informático antes de que un ataque letal sea autorizado".
"
Los Predator del programa de la CIA son 'pilotados' por civiles, tanto agentes de inteligencia como empleados privados. Según un antiguo agente del servicio antiterrorista, los empleados son 'profesionales experimentados, con frecuencia espías y militares retirados' (la Agencia subcontrata una parte importante de su trabajo). Dentro de la CIA, el control de los aparatos no tripulados se reparte entre varios equipos. Un grupo de pilotos y operadores trabaja en el extranjero, cerca de los aeródromos ocultos en Afganistán y Pakistán, manejando los despegues y aterrizajes. Una vez los 'drones' están en el aire, los controles pasan a manos del equipo de operadores en
Langley.
Mediante joysticks que recuerdan a los mandos de un videojuego, los operadores, que no precisan de un adiestramiento específico de vuelo, observan con agentes de inteligencia en grandes monitores la transmisión en directo captada por la cámara del 'drone'.
Desde su trinchera suburbana pueden girar el avión, acercar la imagen del terreno que sobrevuelan y decidir si fijar un blanco".
"La aparente irrealidad del proyecto Predator se percibe también en sus 'pilotos'. Algunos de ellos aseguran que se ponen el mono de vuelo para manejar el control remoto de los 'drones'. Cuando acaban su jornada, por supuesto,
estos guerreros de oficina pueden volver a su casa y cenar con su familia (...). Algunos pilotos de Predator sufren un estrés de combate que iguala o excede al de los pilotos en el campo de batalla. Esto demuestra que el 'asesinato virtual', con toda su estéril parafernalia, supone una incómoda modalidad de guerra".
Bruce Riedel: 'La única presión que actualmente puede ejercerse sobre Pakistán y Afganistán son los drones'.
Realmente es todo lo que tenemos para minar a Al Qaeda. La razón por la cual el gobierno continúa recurriendo a ellos es obvia: en realidad no tiene nada más".
"En lo que va de año, según varias estimaciones, los ataques de la CIA han matado a entre 326 y 538 personas", muchas de ellas inocentes. La opacidad de las autoridades norteamericanas y paquistaníes impide la realización de un recuento riguroso.