- 'El guardian entre el centeno' aparece mucho en tus viejas entrevistas. ¿Sigues siendo admiradora?
- Lo era y lo sigo siendo. Es extraño porque cuando lees el libro por primera vez, es tan personal que crees que eres la única persona que lo siente de esa manera, y luego comprendes que todo el mundo ha tenido esa experiencia leyéndolo. Holden Caulfield fue algo así como mi mejor amigo durante mi adolescencia. Adoro la obra de Salinger, y respeto totalmente lo celoso que es de su privacidad. Mi padre guardaba cada 'New Yorker' donde aparecía una historia suya. En realidad sucedió una cosa... Esto no se lo he contado nunca a nadie, pero cuando tenía 19 años, alguien, eh..., mi novio de aquella época, me compró en una subasta una felicitación de navidad que Salinger envió a alguien en los 50. Era simplemente algo así como "Merry Christmas!", pero tenía la firma de Salinger. Conservé la tarjeta durante unos años, pero me sentía tan culpable, en plan 'él no querría que la tuviera', que un día decidí que iba a devolvérsela. Le escribí una carta, e intenté no ser aduladora, pero fue algo así como "Querido señor Salinger, recibí esta tarjeta como un regalo porque soy una gran admiradora de usted, pero quiero devolvérsela porque respeto su privacidad". Y entonces, un tiempo después, recibí una carta de agradecimiento.
- ¡Qué locura!
- ¡Lo sé! Fue increible. Quiero decir, es posible que su editor la escribiera y se la hiciera firmar o algo parecido, pero fue la cosa más increible que nunca me ha pasado, teniendo en cuenta que se trata de alguien cuya obra es tan importante para mí. Luego está esa mujer, Joyce Maynard, que vendió las cartas que él le envió. Tuvieron un romance o algo parecido, y ella vendió las cartas. Es simplemente... agh. You know? I mean, I still write letters, and (...)".
-Winona Ryder. Entrevista de Stephen Mooallem en Interview, Octubre/Noviembre 2009, páginas 165 y 237.

